En pleno siglo XXI el debate de creer y no creer vuelve a la mesa ante hechos inexplicables o de difícil entendimiento lógico. La crónica de un heavy metal sobre los bichos que acechan
Por César Luis Penna
Hace muy poco me topé con un video que hablaba de los insectos, una persona vestida de cura decía que muchas veces cuando aparecen de la nada suele ser evidencia de que Belcebú está involucrado, que hay envidia o alguna “mal di ción”… entonces se me encendieron todas las alarmas y ese instinto de búsqueda de la verdad. Justo hace dos semanas llegué a casa después de trabajar todo el día y entré al baño. Había doscientas mil hormigas coloradas, dando toda la vuelta por la parte más alta de los azulejos… justo me quedaba un poquito de Raid para jardín y las eliminé. Me fui a la cocina a prepararme unos mates y la cocina estaba llena también, me pareció que se llevaban los platos y los cubiertos; como ya no tenía veneno, les di con el trapo más cercano que tenía. Traté de deshacerme de ellas por lo menos hasta que comprara veneno, al otro día.
Pero cosas así, no eran la primera vez que pasaban en las tierras envenenadas de Paraná V.
El inicio de todo
Llevábamos con mi familia muy poco tiempo viviendo en el barrio y una tarde nos fuimos de paseo por los caminos de tierra hacia el sur, pasamos por las vías hasta Santa Lucía donde nos topamos con un puentecito con pescaditos que pasaban por abajo. División de los Andes terminaba ahí, del otro lado tampoco seguía y me dio la impresión de que aquello que veía era una aldea. Cuando llegamos a casa vimos una muy larga hilera de gusanos que atravesaban el patio de baldosas coloradas, iban hasta la rejilla, salían de la casa, pasaban por debajo de la puerta y llegaban al patio trasero. No existe curandera, chamán o vieja sabia que niegue que eso había sido obra de brujería.
La primera pregunta fue si habían dejado algo de carne para atraer tantos bichos pero en esa época la carne sólo la veíamos en foto en los folletos del SPAR. Con mi hermano éramos tan chicos que no entendíamos qué pasaba, solo observábamos cómo hablaban nuestros padres. Vi cómo les echaban lavandina pero los bichos parecían que la tomaban como un manjar. Mi viejo que fue siempre práctico nos dijo: “¡A pisar los bichos!”.
Estuvimos a las zapateadas hasta que matamos a todas las criaturas.
Duros de matar
Volvió a pasar un par de veces más, pero ¿qué hicieron mis padres después? Desconozco, aunque todo se calmó. Recién 15 años después volvió a pasar lo mismo, esta última vez me tocó resolver la situación, a mi viejo no le importaba y mi hermano vivía más afuera que adentro de la casa así es que como no me gustaba ver esos bichos busqué de donde salían. Millones se arrastraban debajo unas botellas de agua que guardábamos en caso de corte del fluido y vital elemento. Entraban al baño, a la cocina y al lavadero. Los eché con tanta agua que casi se tapan las cañerías con los bichos. Igual que la primera vez la lavandina no sirvió de nada, hubiera agarrado la escopeta pero nunca tuvimos armas. Terminé aplastándolos con la palita de la basura, sonaban como los clásicos chaski boom.
Es difícil encontrar una explicación a un fenómeno, que cuando lo vemos en una película de terror a muchos les da asco, dan vuelta la cara y de inmediato se lo señala como obra del diablo, al igual que un vómito putrefacto.
Nada que envidiar
En nuestro caso, nosotros nunca tuvimos algo material para que nos envidien. Aunque todos sabemos que no se necesita nada material, con solo ser una familia normal eso bastaba. Hay gente que siempre ha vivido en la oscuridad del sacrificio de animales, de rituales extraños solo por no ir a un psicólogo adecuado que le diera la clave para soltar tanto rencor o envidia. Al día de hoy solo seguimos Chiquito y yo, pueden envidiarnos la moto, la tranquilidad, que comemos todos los días, que los dos tenemos piezas y no pasamos ni frío ni calor, la camperita de cuero de él o la mía. Nos pueden envidiar el patio lleno de plantas, la churrasquera, todo… El tema es ¿quién puede ser tan malo, tan oscuro para mandarnos a Belcebú? ¿Acaso esa persona sigue viva? ¿Son varias? ¿O quizás todo es fruto de una tremenda casualidad?
La batalla continúa
Pero la pesadilla de los insectos no se termina, en los últimos días el combate con las hormigas se ha agudizado. Las encontré en la alacena anoche, merodeando, por las harinas, las especias, los vasos de la selección, y la yerba. Pero aparentemente no se llevaban nada, solo miraban intimidando, como diciéndome… ¡Si queremos te llevamos a vos al hormiguero! La noche anterior otra vez en la mesada de la cocina como si fuera su jardín, el problema es que el jardín esta afuera donde de vez en cuando una larga fila de hormigas negras arrasaban con los microinsectos, o tan solo con algunas plantas sin matarlas.

Muchas veces vi desaparecer cucarachas aplastadas en las fauces de las coloradas, en solo horas de los blatodeos no quedaba nada. Por lo que, lo primero que pensé fue: que si no ganaba batalla tras batalla un día de estos iba a llegar a casa solo para encontrar los huesos de Chiquito.
Consultas
Ante la consulta sobre el tema una pitonisa me dijo:
–Sí, eso es una clara señal, yo conozco del tema, lo hemos padecido desde mi abuelo hasta mí.
–¿Pero una maldición termina cuando el maldito muere?
–Todo depende… si es a la persona sí, pero si es a la familia, todo se vuelve trágico y recae hasta el último.
A veinticinco años del comienzo del nuevo siglo, el pensamiento científico mata toda creencia. Las casualidades, los descuidos, enfermedades heredadas, genes compartidos, y demás. En mi caso la ciencia me diría que esas hormigas si son reales, físicas, deben tener un nido en las paredes o en el piso, además puede ser una especie que hiberna por algunos años y después se despierta para acumular más alimento, algo así como IT. En el caso de las moscas habría que preguntar en las casas vecinas si pasa o pasó lo mismo, habría que ver si hay lugares de acumulación de basura, se tendría que tener en cuenta la estación del año, los alrededores hasta el techo.
En los años que tengo viviendo en el barrio he comprobado que cuando el mal es de todos, enseguida nos enteramos y compartimos posibles soluciones. Por lo que esto es individual. Una reikista me dijo que ese mal venía de un pasado lejano. Como están todos dos metros bajo tierra me quedaré con esa duda. Una tarotista me dijo lo contrario: que al ser sobreviviente de todos, recaería todo mal en mí, que solo está en mi poder romper con eso, que sería difícil pero no imposible.
Como “ser de ciencia” solo agarro el Raid y lo espolvoreo sobre moscas, hormigas y todo bicho que entre a mi casa y listo. Cómo vivimos entre paredes de ladrillos huecos todos sabemos que puede haber infinidades de criaturas incluyendo los “Hormigorditos” traídos por mi ex compañera directo de la tapera donde vivía. Sí, los bauticé así por la descripción de ella que decía que andaban por las paredes sin razón alguna; o criaturas atraídas por el bosque que tengo en el patio o por las miles de botellas acumuladas por el vecino de abajo.
Menos mal que las hormigas gigantes del barrio solo despiertan cada 30 años.
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